Qué fuente de alimentación necesitas para tu gráfica

La fuente de alimentación es la pieza que menos se mira y la que más puede estropear un montaje. Esta guía explica cómo calcular los vatios que necesitas, qué conectores pide tu gráfica y en qué fijarte al comprar.

Una fuente corta de potencia o de baja calidad provoca reinicios, apagados bajo carga e inestabilidad, y en el peor caso puede dañar otros componentes. No es el sitio donde ahorrar a ciegas: una buena fuente además sobrevive a varios cambios de gráfica y de procesador.

Un ejemplo orientativo: una gráfica de 250 W, un procesador que llega a 150 W bajo carga y 100 W para el resto suman 500 W. Con un margen del 30 % salen unos 650 W, así que lo razonable sería una fuente de 650 a 750 W. Si el fabricante de tu gráfica recomienda una potencia de fuente mayor que la que te sale, hazle caso: ese dato ya contempla configuraciones muy variadas.

Las gráficas modernas pueden pedir durante unos milisegundos mucha más potencia que su consumo medio. Esos picos breves no se ven en las tablas de consumo, pero una fuente justa de vatios o con protecciones muy sensibles puede apagarse al detectarlos aunque la media quepa de sobra. Por eso las fuentes con diseño más reciente (las que siguen el estándar ATX 3.x) están pensadas para tolerar picos breves muy por encima de su potencia nominal.

Si dentro de uno o dos años quieres montar una gráfica más potente, elige ahora una fuente con margen para ella: cambiar la fuente después obliga a desmontar y volver a cablear todo el equipo. Consulta el consumo de las gráficas que te interesan en sus fichas del ranking de gráficas.

Suma el consumo real de gráfica, procesador y resto, añade un 20-30 % de margen y compra una fuente de marca contrastada con los conectores que pide tu tarjeta. Una buena fuente es de las pocas piezas que puedes reutilizar durante años.

Espacio publicitario (sin cookies de anuncios activadas)